En 1249, Jaume I otorgó a Sueca la licencia para un horno y dos molinos junto al río Júcar. En 1319 pasaron a ser tres molinos. La mejora de la producción arrocera gracias a este hecho, y la finalización de las obras de la Séquia Major a finales del siglo XVI, llevaron a la construcción de nuevos molinos en la villa de Sueca.
La primera mención de lo que conformaría el conjunto industrial del Molí del Passiego se encuentra en 1571, cuando se sitúa el nuevo molino de la villa en la placeta dels Molins. La siguiente edificación documentada es el molino harinero, a finales del siglo XVII.
Debido al crecimiento económico de la población, en 1854 ya encontramos ocho molinos sobre la Séquia Major en la villa de Sueca.

En 1866, Don Manuel Gómez Gómez adquiere lo que se convertiría en el Molí del Passiego.
El conjunto estaba formado por los dos molinos de la Vila, el arrocero y el harinero, y por los molinos arroceros conocidos como el de Iborra y el de Vercher.
Con la adquisición de los terrenos y molinos por parte del Sr. Manuel, se inicia un periodo de reforma y modernización del complejo industrial, que culmina en 1906 con la última gran reforma: la incorporación del hierro en los tres pisos de la nave central y el acondicionamiento del Molino de Iborra para albergar una máquina de vapor.
El proceso era claro: pesar, trillar y ensacar en sacos de 80 kilos.
El molino funcionaba con cuatro fuentes de energía: hidráulica, vapor, gasóleo y electricidad.

Abastecido por la Séquia Major, tres ramales atravesaban el complejo: el central seguía el recorrido de la acequia y los otros movían las turbinas. En caso de que se cerraran las compuertas de la acequia, el molino podía seguir funcionando mediante vapor o gasóleo. En muchas ocasiones, el molino tuvo que utilizar su propio generador para suministrar electricidad a parte del pueblo.

El molino dejó de utilizarse en los años sesenta del siglo XX. En 2015, la familia Gómez-Trénor, propietaria del conjunto, facilitó su adquisición por parte del Ayuntamiento de Sueca con el objetivo de rehabilitarlo y darle un uso que pusiera en valor el edificio.
Actualmente, el estado de conservación del Molí del Passiego es aceptable. En gran parte de sus estancias se conservan materiales resistentes, como la madera de pino, mientras que muchos de los mecanismos y motores, recubiertos de grasa y pintura, han quedado protegidos frente a la oxidación.


El Molí del Passiego sigue representando uno de los testimonios más valiosos del patrimonio industrial valenciano vinculado a la cultura del arroz y a la historia económica y social de Sueca. Su notable grado de conservación, junto con la presencia de maquinaria y soluciones tecnológicas avanzadas para su época, lo convierten en un ejemplo paradigmático de la modernización de la industria arrocera valenciana de principios del siglo XX.
Además de su valor arquitectónico y etnológico, el conjunto constituye un elemento profundamente arraigado en la memoria colectiva de los suecanos, como símbolo de una actividad que durante décadas definió la economía y la identidad local. Por todo ello, el Molí del Passiego supera el ámbito estrictamente municipal y se consolida como un bien patrimonial de primer orden dentro del patrimonio cultural valenciano, plenamente merecedor de protección, conservación y puesta en valor para las generaciones futuras.

¿Por qué los molinos de la villa son conocidos como el Molí del Passiego? ¿Quién era el passiego?
Durante el siglo XIX, atraídas por el crecimiento industrial y comercial del arroz, llegaron a Sueca diversas oleadas de familias de distintos orígenes: en 1789 llegaron ciudadanos franceses que huían de los conflictos derivados de la Revolución Francesa; a principios del siglo XIX destacamos la llegada de familias procedentes de Malta; y finalmente, a partir de 1813, se instalaron en Sueca familias procedentes de la Villa de Vega de Pas, en Cantabria.
Estos inmigrantes de la Villa de Vega de Pas, conocidos como “los pasiegos”, se dedicaron principalmente a la agricultura, al comercio y al negocio de los préstamos. Entre los pasiegos que se instalaron en Sueca destaca Don Manuel Gómez Gómez. Cabe señalar que Don Manuel Gómez Gómez no formaba parte de la primera generación de pasiegos que llegaron a Sueca en 1813, sino que era descendiente de Juan Antonio Gómez Oria, quien llegó a Sueca en 1816 y cuyos padres eran originarios de la Villa de Vega de Pas.

Don Manuel Gómez Gómez, nacido en Sueca en 1827, era comerciante desde los diecisiete años y adquirió el conjunto de los Molinos de la Vila en 1866.
En 1909 falleció y fue su hijo, Juan Antonio Gómez Fos, quien continuó su legado gestionando el molino. Juan Antonio contrajo matrimonio con María de la Mercedes Trénor, iniciándose así el linaje Gómez-Trénor. El molino dejó de utilizarse en los años sesenta del siglo XX.
Información extraída del libro: El Molí del Passiego – Falla Verge de Sales (2018)
ISBN 978-84-697-9527-9